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El Pais

Rebelión de los alumnos de Económicas en Francia contra la enseñanza "despegada de la realidad"

Octavi Martí - París

Más de 1.000 estudiantes de la carrera de Ciencias Económicas de diversos centros de París, como la Sorbona, han hecho público un manifiesto contra "la enseñanza de una economía imaginaria, demasiado despegada de la realidad". Estos alumnos han recibido el apoyo de los de otras universidades galas -Orleans, Grenoble, Rennes, Marsella y Clermont-Ferrand- y europeas -Barcelona, Hamburgo, Londres y Florencia-. Los firmantes del texto, respalado por 150 profesores, presentarán en diciembre varias propuestas alternativas. El ministro de Educación, Jack Lang, se ha mostrado "favorable al debate".

Alumnos de Económicas en el anfiteatro de la Sorbona de París (D. Mordzinski). Los estudiantes no aceptan que sea indiscutible que la existencia de un salario mínimo cree paro, que la reducción de la jornada laboral no sea un tema a considerar y que la mundialización tenga que ser dirigida por el universo financiero y no por la democracia política. El manifiesto de los futuros economistas se articula en torno a tres puntos en los que se critica el enfoque de los estudios de Económicas:

1. Relación con la realidad. El texto arremete contra "los mundos imaginarios", es decir, una enseñanza "que, por tener una dimensión teórica, se separa de las contingencias de la realidad, lo que es muy legítimo y necesario en un primer momento, pero ya no vuelve a confrontarse casi nunca con los hechos, de manera que la parte empírica es prácticamente inexistente". En resumen, los profesores adictos al llamado "modelo econométrico" no dejan que la realidad pueda estropearles una buena teoría.

2. Uso de las matemáticas. El documento critica el "uso incontrolado de las matemáticas" y pone de relieve que "la formalización matemática, cuando no es un instrumento y se convierte en un fin en sí misma conduce a una verdadera esquizofrenia respecto al mundo real". En el fondo se lucha contra el control que ejercen los economistas de la escuela neoclásica sobre el conjunto de una enseñanza universitaria en crisis.

3. Enfoques pluralistas. Los estudiantes señalan que son necesarios "enfoques pluralistas en los análisis económicos". En su opinión, "sólo se expone a los alumnos un punto de vista y se tiende a explicarlo a partir de un razonamiento axiomático, como si se tratase de La verdad económica". Los alumnos piden a los profesores que "se unan a ellos antes de que sea demasiado tarde".

Lo cierto es que de los cuatro bachilleratos franceses -científico, económico, de letras y de artes- sólo el primero es tomado en consideración por unas facultades en las que lo único importante es saber manejar bien los "modelos" para encontrar el "buen resultado, acorde con la hipótesis de partida". Para obtener el título de bahilelra, los alumnos que eligen el bachillerato económico, tienen que responder a exámenes en los que se les pregunta sobre "los efectos de la organización del trabajo sobre el crecimiento económico", "la relación entre progreso técnico y crecimiento a partir del análisis de Schumpeter" y "el desarrollo de la sociedad democrática y la igualdad de oportunidades a partir del análisis de Tocqueville". Una vez en la facultad, si consiguen ser admitidos -lo son uno de cada 20 de los que proceden del bachillerato científico-, este tipo de preguntas desaparece y cede el paso a retahílas de ecuaciones. "Hace más fácil el calificar y da a las clases aparienci! a de rigor científico aunque nunca responden a los grandes interrogantes económicos contemporáneos", dice el documento estudiantil.

Las fórmulas empleadas por los estudiantes no remiten siempre al psicoanálisis sino que también utilizan otro tipo de comparaciones para describir "los mundos imaginarios de misteriosa conexión con la realidad económica" que crean sus profesores. La más literaria habla de "la economía de Robinson Crusoe", pues la modelización sistemática evita el intercambio con cualquier factor no previsto por los libros. La más política reclama que "la universidad fomente el espíritu crítico entre investigadores y ciudadanos".

Cada año las facultades de Económicas pierden en Francia alrededor de 3.000 estudiantes. Eso aún podría justificarse, desde una óptica meramente instrumental, si la disminución de titulados diera mayor valor al diploma. Pero tampoco es así: el 18% de los licenciados en Ciencias Económicas estaban en paro en 1998 frente a sólo un 8% de entre quienes salían de escuelas de dirección de empresas. El porcentaje de paro de Económicas se situaba además por encima de la media conjunta de todas las carreras, que era de un 12%.

Los profesores hablan de "economía muerta"

Algunos profesores han acogido el movimiento de rebelión de los estudiantes como la confirmación de sus tesis. Es el caso de Bernard Maris, autor de la polémica Carta a los gurús de la economía que nos toman por imbéciles. Él propone una idea "muy sencilla: cortar la economía en dos. A un lado quedará la economía científica, con sus matemáticas y estadísticas; en el otro estará la economía política". Maris se pone nervioso cuando oye glosar la competitividad a políticos de derecha y de izquierda: "La noción de competitividad no es muy buena hablando en términos económicos. La noción de cooperación es generalmente mejor. Keynes y Schumpeter ya lo había presentido y la teoría de los juegos lo ha demostrado".

Otro profesor de Económicas, el matemático Bernard Guerrien, también celebra que los universitarios hayan recuperado su rebeldía. "Para llegar a profesor o a catedrático, normalmente hay que haber sido buen alumno y hoy sólo se consideran buenos aquellos que no critican. De ahí el nivel de mis colegas". Guerrien no quiere discutir en abstracto, enfrentar o confrontar teorías. "Los unos y los otros, los neoclásicos y los heterodoxos, defienden la noción de ciencia económica y yo soy partidario de volver a la vieja noción de economía política", señala. Quiere saber qué visión del mundo hay detrás de cada modelo, a dónde se quiere llegar "a base de ecuaciones intimidatorias" o de hablar de "un nivel de paro natural".

Nicolas Vanecloo, profesor en la Universidad de Lille, ha dado su testimonio al semanario Politis, en el que hace hincapié en que durante su curso, centrado en cuestiones laborales, había descubierto que "la mitad de los alumnos no sabía cuál era el montante del salario mínimo, no tenía la menor idea del salario medio y desconocía totalmente la evolución de las cargas sociales sobre esos salarios durante los últimos 20 años".

Responsabilidad moral

Para Bernard Paulré, director de los cursos de doctorado de París I, no cabe la menor duda de que "la responsabilidad moral de los economistas debiera ser puesta de relieve cuando se habla de la explosión del paro en el transcurso de los últimos 25 años".

La irritación de los estudiantes también ha sido respaldada por los 27.000 afiliados con que cuenta hoy una asociación como Attac, nacida para defender un gravamen sobre las transacciones financieras de carácter especulativo y hoy aglutinante de una izquierda que cuestiona las formas de la mundialización.

La protesta de quienes cursan Económicas refuerza las razones de Attac para seguir existiendo. Como Bernard Maris, tampoco aceptan "una economía que no quiere saber nada de los problemas sociales, que lo trata todo como problemas sectoriales, particulares. Por ejemplo, si hay un problema con la polución, basta con crear un mercado de derechos de polución o se monta un sistema de incitación para suscribir seguros privados cuando se hace evidente que hay dificultades para financiar la Seguridad Social o las pensiones de jubilación", señalan.

 
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